Hace varios años, el
mundo laboral para las
mujeres casi no existía, ya que se sostenía que estaban destinadas a dedicarse solo a las tareas domésticas y al cuidado de sus hijos.
Con el tiempo esto se fue revirtiendo, pero no al 100%. Si bien actualmente es más fácil la
inserción laboral de la mujer, no así, es el rol del hombre en las tareas domésticas.
Piso Pegajoso y Techo de Cristal: Barreras Invisibles
Se suele decir que las mujeres viven en un
suelo pegajoso. Esto hace referencia a que se encuentran pegadas a un piso que, según indican los
estereotipos sociales, es el de cumplir con el rol de esposa, madre y ama de casa. A pesar de que la sociedad evolucionó, a la mujer se le hace difícil dejar ese suelo y crecer laboralmente porque aún existen demandas sociales y culturales.
Cuando logran despegarse porque estudiaron, se convirtieron en profesionales y consiguieron un empleo en donde cuentan con potencial para crecer, una vez más aparece la sociedad con sus
barreras invisibles, en este caso, imponiendo el popular
techo de cristal.
Entonces, por mayor que sea el esfuerzo de la mujer para salir de esa realidad, el
techo de cristal las frena una vez más, impidiéndoles crecer laboralmente. Este techo simbólico y difícil de romper, hace referencia a que tienen menos acceso a puestos jerárquicos, solo por la condición de mujer y por la creencia de que como responsable de un hogar, no son capaces de ocupar un empleo con mayores compromisos.
Además de techos de cristal y suelos pegajosos, la desigualdad de género puede verse en aspectos como
diferencias salariales,
licencias por maternidad y paternidad, entre otros aspectos.
Como sociedad debemos entender que toda persona tiene derecho a
crecer y
desarrollarse laboralmente en un ambiente sano y en el cual se lo motive a alcanzar rangos jerárquicos altos. Incluso esto también es beneficioso para las organizaciones y empleadores, ya que expertos dicen que los equipos de trabajo mixto, son los que obtienen más resultados.