Históricamente y alrededor de todo el mundo, existe la idea de que hay trabajos que son exclusivos para hombres y otros solo para mujeres.
Estos trabajos que están preestablecidos según el género se dividen así en base a roles, normas y estereotipos sobre lo que un hombre o una mujer puede o no hacer según la cultura de cada lugar. A esto llamamos puestos de trabajo feminizados y masculinizados.
¿Cuáles son los trabajos feminizados y masculinizados?
Los trabajos feminizados son aquellos que, en su mayoría, siempre estuvieron realizados solo por mujeres. Están ligados a tareas de protección y reproducción como el cuidado de niños o adultos, enfermería, tareas del hogar, secretarias, empleadas domésticas, entre otros.
Lo mismo pasa con los trabajos masculinizados, a los hombres siempre se los asocia con el trabajo duro y por fuera de la esfera privada, es decir, trabajos fuera del hogar como obreros, operarios, trabajos de construcción. Y también, relacionados con los altos mandos de empresas como gerente o jefe.
Problemáticas con trabajos feminizados y masculinizados
Actualmente aquellos trabajos que son considerados “tareas del hogar” como de limpieza, cuidado de niños y/o adultos mayores se vuelven parte del mercado laboral pero con condiciones de trabajo precarias, con altos porcentajes de informalidad y hasta poco reconocimiento en materia de género.
En el mundo laboral hubo muchos avances en materia de género, sin embargo la brecha salarial sigue existiendo e incluso atravesadas por barreras invisibles o también llamados techos de cristal que alimentan esa disparidad.
¿Qué podemos hacer para reducir la segregación laboral por género?
Dentro las empresas se pueden realizar diferentes acciones para reducir esta segregación laboral, a continuación de dejamos algunos consejos:
- Revisar los procesos de selección: evitar sesgos en la redacción de ofertas, entrevistas y evaluaciones de desempeño.
- Garantizar igualdad salarial real: revisar escalas, categorías y complementos para evitar diferencias injustificadas.
- Ofrecer formación con perspectiva de género: concienciar a equipos y líderes ayuda a desarmar estereotipos arraigados.
La diferenciación entre trabajos feminizados y masculinizados no responde a capacidades reales, sino a construcciones culturales que todavía influyen en el mercado laboral.
Romper con estos condicionamientos es importante para lograr igualdad de oportunidades, mejorar la calidad del empleo y construir entornos más diversos e inclusivos.
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